VIVIR EN MAYÚSCULAS

¿La cosecha de la NECESIDAD… viene de qué siembra?

Llega un día que nos damos cuenta de alguna necesidad personal que tenemos por cubrir. Puede ser nueva o antigua y volcamos nuestros esfuerzos en darle solución.
¿Se podría evitar de alguna forma, en alguna ocasión, tener que esperar a que aparezca la necesidad para poder solucionarla?

¿Qué pistas nos hablan de nuestras necesidades?

Las emociones nos dan pistas de qué necesidades no están cubiertas…Si siento miedo, me habla de que mi necesidad de tener seguridad, no está cubierta, por ejemplo.

Cuando algo nos ha dolido y no lo gestionamos, si no más bien lo arrinconamos, esa RENUNCIA, trae consecuencias.  Por ejemplo, si ese dolor se enquista, podemos “olvidarnos”que esté ahí, porque lo hemos tapado y ha dejado de ser visible, una parte de nuestro cerebro, el consciente, puede obviarlo…
Cuando no tomamos cartas en el asunto, pudiendo hacerlo, y seguimos dejándolo de lado, empezaremos a ir sintiendo distintas fases de ese dolor, de formas diferentes, derivadas de la frustración no resuelta.
Por ejemplo:

  • Ante una injusticia que nos puedan hacer, podemos desarrollar el sarcasmo, la ironía, que son grados bajos de ira. Si aumenta de graduación, sentiremos cada vez mayor resentimiento, pudiendo llegar a un grado superior, la rabia.
  • Imaginemos que ante un desagravio de alguien hacia nuestra persona, renunciamos a sembrar perdón, finalmente nos llevará a la necesidad de castigar. Porque alguien tiene que pagar…

Habrá momentos en los que podríamos sentir esas sensaciones, como “víctimas”.
A veces sin darnos cuenta, muy sutilmente, dejamos que se instale o la “coloreamos” un poco, para poder convivir con ella. Finalmente, la causa verdadera se diluye y enmascara, sintiendo con ello que la solución se difumina.
Nos aislamos respecto a ello y nos cansa sólo de plantearnos buscar la “imposible”, posible solución, ya que llevamos abordando el tema desde hace tiempo y consumiendo mucha energía de formas que no han conseguido resolver el tema.

Nos podemos encallar en cualquiera de los estados anteriores, durante medio año o una vida y media.

¿Qué nos sacará de ahí?

1/ Admitir que es una situación no gestionada adecuadamente.
2/ Aceptar ese dolor, ponerle nombre.
3/ Saber cómo se manifiesta y qué hacemos normalmente.
4/ Descubrir qué pide, qué NECESITA.
5/ Entender para qué sucede esto en nuestra evolución de vida, para poder elegir un camino con el menor desgaste posible en el avance.

6/ Tomar medidas específicas pautadas en el tiempo.
7/ Buscar un apoyo eficiente que motive conseguirlo.

«Porque la siembra de una RENUNCIA no gestionada, traerá la cosecha de una necesidad no cubierta».

Cristina Rodríguez.

Scroll al inicio