VIVIR EN MAYÚSCULAS

Lo que aprendo de mis silencios.

Camino de Santiago.

La primera vez que fui al camino de Santiago , subí con una tendinitis (un muslo era el doble que el otro), el monte del perdón, en Pamplona, sin poder encontrar desayuno, a las 05h30 A.M. Llevando 2 barritas energéticas y un poco de agua. Caminé despacio, sin casi pausas y al llegar a la cima vi el otro lado de la pendiente por la que tendría que bajar. Y mis ojos se inundaron de lágrimas ante la angustia de bajar aquellas cuestas…

Como en la vida, a veces, malheridos en algún sentido, vamos caminando y divisando abismos que se tornan a nuestra visión, muy difíciles de llevar.

Un silencio que no llega.

Como en la vida, a veces, malheridos en algún sentido, vamos caminando y divisando abismos que se tornan a nuestra visión, muy difíciles de llevar.

Un consejo me dieron, que me pareció de lo más útil. Aun recuerdo cómo un peregrino me dijo: «No hagas lo que hacen todos. Tú deberas ir bajando a tu ritmo y curveando mucho; baja haciendo “eses” y verás como puedes».
Me sequé las lágrimas y bajé muy despacio, siguiendo la comodidad que me permitía mi maltrecha condición.

Eso sucede a veces, pasas por momentos de vida en los que tú vas sufriendo y otros pasan tan frescos, sin lastres, sin dolor. Y tú, tienes que ralentizar tu paso, pendiente de tus necesidades, atendiéndolas a tu mejor ritmo, con todo el mimo y delicadeza posible. Los demás llegan a sus metas mucho antes que tú y no te puedes dar el lujo de quedarte mirando sus trayectorias, sino, te quedas sin fuerzas para acometer la tuya. Momentos de mucha concentración en atender tu propio camino.

La rendición.

Cuando bajé me dí cuenta que el paisaje había cambiado por completo. Dejaba tras de mi la verde vegetación y se abrían ante mi campos de cereal, que apenas se movían por la brisa. Sin agua en mi cantimplora, ni comida que llevarme a la boca, me vi como “Gladiator” caminando en los campos por segar. Me salió una sonrisa por ese pensamiento y ahí entré en el SILENCIO más absoluto, ante la rendición de mi mente que estaba agotada en todos los sentidos.  Sólo había energía para andar.
Un silencio que inundó cualquier eco de posible pensamiento. Llegó por fin la PAZ.

Cuando la mente deja de cuestionar y simplemente fluyes, todo cambia. Tu entorno, lo que te llega, tus decisiones, tu perspectiva se amplifica. El NO CONTROL de todas las variables de mi alrededor, por parte de mi cerebro, me ayudaron claramente a perderme en un maravilloso silencio. Mi mente cansada y agotada sólo tenía una orden a ejecutar: Sigue caminando. No había energía sobrante que consumir…

Al poco subí de nuevo las cuestas de un pueblo que, como no, tenía que estar en alto! y siendo festivo, no había nada abierto. Yo seguía sin agua y me plantee que quería desviarme del camino para ir en dirección contraria a Puente La Reina, a ver Eunate, por ser un sitio especial.

Sí, a veces, en medio de una vida complicada, seguimos teniendo nuestros sueños, aunque las condiciones no sean las ideales. ¿Te ha pasado? Y ese sueño sigue brillando intentando ser real, en el fondo de la oscuridad.

Momento de pedir ayuda.

Miré al cielo y pedí ayuda, una señal para lanzarme…y recorrer 6 kms más de los 3 que me quedaban. Sola por ese pueblo, vi mochilas abandonadas en el suelo, de peregrinos que como yo, querían ir a Eunate.  Dejaban sus cargas para ir más ligeros y volver luego a recogerlas. Saliendo del pueblo en la encrucijada de ir o no ir, escuché una señora mayor preguntarme: «¿Peregrina desayunaste?» Y me trajo bajo un árbol un bol de leche, lata de galletas…y desapareció, sin poder darle ni las gracias. Esa ayuda inesperada, aunque solicitada, me dió todo lo que necesitaba para emprender el camino hacia ese «desvío» que realmente hacía parte de mi camino. Otro sueño que ve la luz. 

Igual que en otros momentos de mi vida, el paralelismo es tal, que no hace falta que lo explique. La petición de ayuda en momentos complicados, es vital. Reafirmada en la consecución de un sueño que se tornó mucho más difícil de conseguir, que lo que yo me imaginé en un principio. En esos momentos, sentí que todo se aligeraba. El brillo de una meta que por fin se va a conseguir, es un poderoso acicate!

La clave del silencio.

Abandonarte al flujo de la vida, esa corriente que te lleva cuando confías en cada momento. Que te llega lo que necesitas, si estas atento en la escucha… y sobre todo si dejas de cuestionar. Poniendo de tu parte, tu energía, SIN FISURAS. Esto me abrió la puerta de la confianza.
Confiar sin saber… ¿esa es la CONFIANZA que se escribe con mayusculas, verdad?
El silencio suele hacer acto de presencia de forma espontánea ante un cansancio extremo. Poder acceder a ello sin necesidad de cansarse, es algo que está a nuestro alcance, mediante la relajación, el mindfulness, la meditación…
Acceder a nuestra confianza, es un acto de fé. Fé en la vida. Un acto de rendición a no calcular variantes, ni posibilidades. No control.
La mente no es buena consejera, cuando anda atormentada y confusa. El miedo y el caos alimentan todo lo que nos inmobiliza. En cambio centrarnos en el AHORA, en nosotros y atender nuestras necesidades, abre dimensiones por explorar en el conocimiento del YO.

Sin tener una meta clara, no lo habría conseguido. Quería saber de qué era capaz, caminando sola. Conocí muchísima personas con las que disfruté y muchos rincones de mi que me hicieron crecer. Aspectos desconocidos de un potencial ilimitado.

¿Te ha sucedido a ti también?

Yo pensaba, yo creía, yo soy.

Cristina Rodríguez.

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