VIVIR EN MAYÚSCULAS

Claves para gestionar una decepción

La decepción puede ser una realidad no esperada, no buscada, no querida. Una de esas situaciones que parece que no tienen gracia, y no sólo lo parece… no la tiene.

Nos recuerda la naturaleza independiente de todo y lo mucho que todo nos conecta. Por los lazos de dependencia que nos hemos creado y la libertad que hemos regalado o vendido.

Como una brújula que nos señala nuestro grado de espera. Para esperar que nos den, nos digan o nos reconozcan. Y es un pozo sin fondo que alimenta un hábito tóxico, el de volvernos reactivos. Para desenfocar nuestra mirada de lo que sí podemos hacer y que nos vuelve esclavos de lo que no depende de nosotros. Por esa reactividad que nos saca de la zona de trabajo coherente en las cosas que nos atañen, para someternos a la pasividad del veredicto ajeno. Ese troyano que alimenta la fuga de nuestra energía.

3 CLAVES PARA GESTIONAR LA DECEPCIÓN.

La propuesta de hoy es ver el lado positivo de una decepción, su cara amable y atender lo que nos ofrece para sumar y no restar. La decepción es un regalo que viene envuelto en papel  no muy agraciado, envolviendo la oportunidad de crecer y ser resiliente. Y las claves que nos pueden ayudar están a nuestro alcance siempre.

  • Aceptar: La individualidad de los demás. Como la libertad de poder elegir (mejor o peor, según el criterio de cada cual). Comprender el amplio número de posibilidades que tiene la vida. Y entender que la justicia no se rige bajo nuestro criterio. Para así poder recolocar nuestro ego.
  • Agradecer: El derecho a ser independiente y aprender al ritmo que cada cual tiene. Que algo nos llame la atención y nos brinde la oportunidad de recolocarnos en nuestro centro. Para aprender a atender nuestras emociones y no estar pendientes del exterior.
  • Ser proactivo: Elegir dónde queremos generar opciones. Para así concentrarnos en nuestro trabajo y disfrutar sin esperar.

«Que llegue quien tenga que llegar, que se vaya quien se tenga que ir, que duela lo que tenga que doler… que pase lo que tenga que pasar» Mario Benedetti.

Cristina Rodríguez.

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