
Sólo puedo sentir lo que ya vive en mi. Y en la MISMA MEDIDA que lo tengo.
Leyendo a Dr. David R. Hawkins (reconocido Psiquiatra, Escritor e Investigador). Según él:
«El verdadero origen del «estrés» es en realidad interno; no es externo, como a la gente le gustaría creer. La predisposición a reaccionar con miedo, por ejemplo, depende de la cantidad de miedo que ya esté presente en nosotros para ser desencadenado ante un estímulo. Cuanto más miedo tenemos en el interior, más cambia nuestra percepción del mundo ante un miedo o expectativa preocupante. Para una persona miedosa, este mundo es un lugar aterrador. Con una persona enfadada, este mundo es un caos de frustración y aflicción. Y en la que siente que es culpable, este es un mundo de tentación y pecado, que ven en todas partes. A lo que estamos aferrándonos interiormente colorea nuestro mundo. Si dejamos la culpa, veremos inocencia; sin embargo, una persona con sentimiento de culpa sólo verá el mal. La regla básica es que nos centremos en lo que hemos reprimido».
En función de cuánto espacio permitimos que ocupe una emoción, así filtraremos nuestra visión de lo que ocurre.
La respuesta a encontrar es precisamente: ¿Qué reprimo?
Sentir Miedo.
Es un sentimiento que se nutre de pensamientos. Es sentir pavor al error, al fracaso, al desamparo. Pensar que salimos de nuestra zona de costumbres adquiridas y podemos perder pie. Cubre una necesidad importante cuando no tenemos confianza. Y es la sensación de que tenemos que controlar lo máximo posible lo que nos rodea. Para ello solemos mantenernos en «decorados» de vida, costumbres y estímulos parecidos. Para sentir que estamos «protegidos». La necesidad de sentirnos seguros. Una de las 3 necesidades básicas.
¿Protegidos de qué?
Si quieres puedes revisar la lista de miedos que tienes. Después redúcela lo máximo posible. Cuando lo hayas conseguido, verás que te encuentras con algo común en toda la humanidad. Pero no todos lo viven como tú. Algunos aparentemente tienen más confianza. No necesitan resguardarse tanto.
La clave para salir.
Uno tiene tanto miedo como la cantidad de veces que se recrea en alimentar con pensamientos ese temor. Y es una retroalimentación libre. Que uno maneja en función a dos variables. La aceptación y la confianza. Estas cualidades se pueden trabajar entrenándolas. Estimulando su aprendizaje. Trabajar la confianza exige ampliar la autoestima que tenemos. La aceptación implica entre otras cosas ser resiliente.
AUTOESTIMA:
El confiar en que puedes trabajar, cambiar y apreciar, lo que ya has hecho hasta ahora. Dejar de compararte y de mirar fuera. Valorarte internamente (tu saber, tu tiempo, tu sentir) y ponerte en valor ante los demás, dándote lo que necesitas. Comprendiendo que tener que seguir aprendiendo, es un trabajo natural, no un problema. Verificando si te machacas o te nutres. Si te estancas o avanzas. Sabes o haces. Tienes o eres. Pues esas son las temperaturas de la confianza que necesitan ser trabajadas.
RESILIENCIA:
La capacidad de superar la adversidad, aceptando la vulnerabilidad, la frustración, las emociones, los cambios y creciendo constructivamente. Muy vinculada a la autoestima.
Así pues podemos comenzar una nueva etapa eligiendo crecer y trabajar nuevos aspectos. Tal vez cambiando nuestro sistema de guía en la vida. Pudo ser válido hasta ahora, pero no en adelante.
«El dolor es inevitable. El sufrimiento, es opcional». Buda.
¿Te decides a no dejarte llevar, sino ELEGIR qué quieres sentir?
Cristina Rodríguez.

