
Ayer me decía mi hijo, que para el 2050 se prevé escasez de agua a niveles dramáticos, será un bien tan escaso que peligrará la vida en la tierra. Por otro lado escucha las declaraciones de presidentes de países con potencial armamentístico, que se asemejan a los de un patio de colegio, tipo: «Y como me hagas esto, yo te voy a…» Conclusión, me decía: «¿Qué vida me espera?».
Muchos nos vemos ante situaciones mucho más cercanas, igual. Con la misma duda: ¿Qué me espera? Porque evidentemente, ESPERAMOS cosas. Ese esperar nos condiciona definitivamente a un posicionamiento de vida.
¿De dónde sacamos eso de esperar cosas concretas?
De las ideas que nos inculcan, desde pequeños, en todas partes. Esperamos tener unos padres y tal vez hermanos que sean de una determinada manera. Unos amigos que compartan unas determinadas cosas, tiempo, intereses… Tal vez que rellenen parcelas que no hemos podido cubrir con nuestro primer círculo familiar. Un trabajo que cubra nuestras necesidades (económicas, de reconocimiento, de estabilidad, proyección de vida, etc). Una pareja, alguien con quien compartir la vida.
¿Qué suele suceder?
Que en nuestra familia las cosas no son como nos hubiera gustado, ya sabes que «en toda las casas se cuecen habas y en la mía a calderadas». Que los amigos a veces nos decepcionan o no encontramos el estilo de gente que deseamos, para compartir nuestros intereses. Porque cada vez tenemos más herramientas para comunicarnos, pero menos ganas de realmente hacerlo sobre lo importante. Muchas veces, nos hemos desconectado de círculos de personas por otras prioridades. Y cuando queremos volver, no sabemos cómo. El apartado pareja, rodeado de lo que se espera de una pareja, que «encaje» en nuestra lista de necesidades o que encaje lo que le queramos dar . Y el trabajo que a veces, cubre nuestras necesidades iniciales y después no tanto. O nuestras necesidades van cambiando y nuestra situación laboral y/o personal no acompaña.
¿Cómo sería vivir sin esperar?
Y si el aprender a vivir, fuese tan simple con el de los animales. Reciben la vida, unos cuidados mínimos para crecer, a veces de sus propias madres y otras veces de postizas, pues fallecen y otros se ocupan de su cuidado. Y una vez tu cuerpo está preparado para asumir el día a día, tienes que ir aprendiendo estrategias para vivir, buscar comida, descanso, aliados…Es decir: ACEPTAR. No somos animales, pero el tema de la aceptación en nuestra vida, es primordial. Es decir, de primer orden, pero la mayoría de las veces, somos bien adultos y aun no lo hemos asumido.
Tenemos una proyección hacia lo que queremos recibir, que nos confunde con la realidad. Es un traje en nuestra visión de la vida, que mediatiza nuestro comportamiento. Por supuesto que si queremos unas determinadas cosas, tenemos que saber movernos con estrategias para conseguirlas. Y que mejorar en cualquier ámbito, es un motor de vida. Eso no quita para que nos adaptemos al medio, que dejemos de encallarnos en lo que nos duele, en lo que nos bloquea y atasca. Que seamos, en definitiva adaptativos, no sólo flexibles.
Si eres flexible, tu tendencia será la de querer volver a tu anterior estado, una vez pasada la situación que te altera la normalidad. Si eres adaptativo, ya no volverás a tu estado anterior, serás alguien que va integrando lo que hay y adaptándose a los cambios.
¿Cómo es eso de ACEPTAR?
A: Actitud.
Reviso cual es mi actitud ante un hecho objetivo, que no es discutible. Por ejemplo, si algo terminó, terminó. Si yo pienso que yo merecía otra cosa, mi actitud no me encamina a ACEPTAR. Porque vuelco mi mirada hacia un pasado que no va a cambiar.
C: Creencias.
Revisemos lo que opinamos. Porque todo juicio u opinión está cimentado en una creencia. «Yo creo que tener esto en mi vida es debido a esto otro…», «Si me tratan así, es porque…», «Yo necesito esto, sino no seré feliz», «Si esto no desaparece de mi vida, yo no puedo seguir», «No me puedo lanzar aun, porque no estoy seguro que…» y un largo etcétera. Lo que creo en mi mente, ya determina la actitud que asumo ante una situación. ¿Si creyera otra cosa podría tomarme esto de otra forma?
E: Expectativas.
Ante cualquier situación o en las relaciones, las expectativas nos hacen esperar siempre unas determinadas cosas. Tener una expectativa, es algo natural, de hecho es el primer paso de la responsabilidad. Porque la expectativa nos la vamos formando nosotros con una serie de datos y creencias personales. Lo imprescindible, es seguir entendiendo esto: Que es NUESTRA responsabilidad, la de esperar ciertas cosas de los demás. No son los demás los que tienen que responder ante nuestras creencias.
T: Trabajo.
Aceptar requiere TRABAJO para pasar página. Sí, esa palabra nos suele desagradar porque queremos que suceda de forma espontánea. Y eso no va a suceder. Igual que trabajamos a DIARIO, para no aceptar una situación, (contándonos cosas que nos mantienen «atados» a un determinado tema), cuando queremos aceptar…tenemos que trabajar. Hay que decidir, si trabajar en un sentido o en otromantener a toda costa o cambiar.
A: Asumir.
Asumir que la vida es como es y no como queremos que sea. Que las situaciones no son estáticas. Que la vida es movimiento, que nada se queda de por vida de una misma forma. Todo lo que rodea la vida, se mueve SIEMPRE. En esos giros, a veces quedamos descolocados y SÍ, eso es natural.
R: Renovar.
Renovar nuestro enfoque de las cosas, de lo que pensamos y creemos. Para renovar hay que detectar cuales son los pensamientos y creencias que necesitamos desechar, después decidir cuáles queremos abrazar. Las que han dejado de ser válidas hasta ahora, que no nos ayudan, alimentan el quedarnos estancados. Hacer como que no nos afectan, es la alarma ideal para empezar a revisar…
«Lo que niegas te somete. Lo que ACEPTAS, te transforma». -Carl Gustav Jung-
En definitiva, ACEPTAR es usar nuestra energía en mirar hacia adelante. Es complicado caminar mirando hacia atrás. Arriesgar nuestra integridad, sueños y futuro por quedarnos estancados… ¿Realmente trae cuenta? ¿Qué cuenta?
Seguir caminando, escogiendo cuánto tiempo vamos a usar para sentirnos de otra forma, eso nos conecta a la esperanza. La esperanza de decidir y no rechazar nuestro poder de ELEGIR. Esa libertad, el poder elegir, nos engancha a la vida. Es una de las grandes necesidades básicas que tenemos como seres humanos, honrémosla!
Cristina Rodríguez.

